Un hilván amarillo al partido de ayer

logo_small_new.gif Un Cádiz de dos caras.sevilla_cadiz01.jpg

Todos los que vimos en directo el partido de ayer en Nervión, nada más terminar el encuentro, y mientras caminábamos en dirección a la estación de Santa Justa, donde habíamos dejado los vehículos, caminábamos con la sensación de haber arrancado un punto en un campo muy complicado.  Ante un equipo, un estadio y una afición de Primera. Todos además coincidiamos en diferenciar las dos caras del Cádiz. Muy distintas ambas.

En el primer tiempo el Cádiz salía con las ideas muy claras. La presión comenzaba con la primera linea de cuatro (Enrique, Sesma, Oli y Pavoni). No se dejaba al Sevilla pensar. Mucho menos salir con el balón controlado. Esto venia acompañado con el adelantamiento de la línea defensiva amarilla como pieza clave del engranaje defensivo. De alrededor del minuto treinta y cinco es la fotografía de la derecha. Varela, De Quintana y Paz, últimos defensores, obligan con su posición tan adelantada a que los sevillistas tuvieran enormes problemas en la creación del juego. Sólo Jesús Navas conseguía echarse el equipo a sus espaldas y crear peligro. Pese a estar a un buen nivel, muchísimos problemas tuvo Raúl López para frenar al 15 de los de Juande.

Como ya ocurrió el día del Villareal el segundo período fue distinto. Es difícil, muy difícil, que Sesma, Pavoni o Enrique, los llamados a dar creatividad al juego atacante, estén lucidos y frescos de ideas para crear peligro. La encomiable labor defensiva en la que se fajan los dejan exhaustos. En el segundo período la mitad del campo sevillista defendido por Palop parecía una cuesta empinádísima a subir. Que se lo pregunten si no a nuestro cuarteto ofensivo de ayer. Igual de empinada, o más, se le hacía a Benjamín pese a salir de refresco.  A Navas le secundó muy bien Adriano, este por la izquierda. Así el Sevilla, además de quitarnos el balón, llamaba y llamaba con insistencia a la puerta de Armando. Lo hacía con paciencia, con criterio, sin en ningún momento perder la fé en el partido. Al Cádiz, obligado por estas circunstancias, no le quedó otra que gastar las pocas energías que quedaban en amarrar un punto. Y ya van cinco.

 

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