Ciento ochenta minutos demasiado largos


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Noventa minuti son molto longo, recordaba el pasado viernes, antes de que el Cádiz visitara al Real Madrid Castilla, en busca de una utópica remontada. La frase del célebre Juanito se hizo buena, para el cadismo. El partido en Valdebebas, quitando los diez primeros minutos de juego, en los que el equipo pareció creerse aquello de salir a por algo positivo, fue una agonía constante.El Cádiz tiene por delante dos eliminatorias para ascender, cierto es. Pero su imagen queda tremendamente dañada. El espectáculo ofrecido por los hombres de amarillo y azul en estos ciento ochenta minutos de fútbol con el filial madridista ha sido mediocre, doloroso, dañino. Sin ofrecer nada, siempre atrás, dando imagen de un equipo ramplón, inseguro, sin confianza. Si mala fue la imagen mostrada en Carranza (más por todo el despliegue de la hinchada cadista, esperanzada ante la llegada de esta eliminatoria) peor ha sido la mostrada en Valdebebas.Tras el gol de Jesé, que abría la lata, el Cádiz dejó de ser el del comienzo de juego. Renunció a todo y se limitó a esperar a que el encuentro finalizara. Un sparring perfecto para un Real Madrid Castilla letal, que se cebó todo lo que pudo con un Cádiz inoperante. Se pudo medir, tras el gol de De Coz (el del honor) el orgullo de unos y otros jugadores.Los del Real Madrid Castilla, tras el gol del Cádiz, se fueron al ataque, decididos. A por más. Los del Cádiz, tras ese gol, se mostraron más apáticos que nunca. Ninguno de los dos tenían nada que perder: el Real Madrid Castilla lo tenía todo ganado; el Cádiz, todo perdido. Pero a pesar de ello, hubo un equipo que tiró de orgullo, de garra, de casta. Y otro que no. Tanto el segundo gol de Mosquera (con todo el equipo protestando una falta sobre Juanse Pegalajar) como el de Morata, que cerraba la manita del filial madridista, son absolutamente lamentables. Absolutamente lamentable la imagen de unos jugadores de amarillo y azul que se pasearon por el césped de Valdebebas, sin intensidad defensiva para evitar esos goles. La imagen del club queda dañada por esto, en el aspecto deportivo. Se deja al Cádiz, tras este espectáculo tan bochornoso e indigno, a la altura del betún. Se deja, también, al Grupo IV a la altura del betún (¿si este es el mejor equipo del Grupo, como serán los demás?, se puede llegar a pensar) Aunque esto último es secundario. Lo verdaderamente importante, es el daño que se hace al Cádiz, al escudo y a la afición. Una afición que no se merecía ni el desastre de Carranza ni el bochornoso espectáculo de Valdebebas. Una afición que, ante las dificultades impuestas por el Real Madrid para ceder localidades, se las ha estado ingeniando durante la semana para poder ver a su equipo. Una afición que, en muchos casos, ha tenido que ver en casa, desolada, cómo los jugadores han jugado sin orgullo, sin honor. Una afición que, en muchos casos, no pedía una remontada: sólo un arreón de orgullo, de casta. Si se debía perder, hacerlo al menos con honor. No así. Y no se admiten excusas. El 8-1 del global de la eliminatoria habla por sí solo. Queda que todos los responsables de esto (Jose González y todos y cada uno de sus futbolistas) sean capaces de remontar el vuelo y vuelvan a enganchar a una afición dolida, para volver a hacerla creer que el ascenso es posible.

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