El Trofeo de los Trofeos lo fue sin barbacoas

logo_small_new.gif Cuándo los buenos aficionados recuerdan el prestigio del Carranza, siempre se rememoran aquellos carteles del 70 (Pelé, Beckembauer, Cruyff,…), del 80 (con los primeros Trofeos ganados por los amarillos…). Y eso que no recordamos los 60 tornados ya de un sepía sospechoso, y donde muchos de los cadistas de ahora ni habrían nacido.  

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Las barbacoas acaban siendo el único problema medio ambiental que se da en el entorno. Un problema de salubridad aparte…

(Foto): Gonzalo Höhr (La Voz de Cádiz)

Lo que pocos quieren recordar es que aquellos Trofeos,  aquel prestigio alcanzado a pulso que le hizo acreedor a «El mejor trofeo veraniego del mundo» o aquel otro que aún perdura de «Trofeo de los Trofeos», se hizo sin el binomio Trofeo-Barbacoa.   Guste o no, es una moda con la que habría que acabarse. De no poder ser raíz, al menos, acotarse o reglamentarse. 3.000 años tiene Cádiz y celebrar macro-barbacoas en la playa gaditana sólo es de los noventa para acá.   Curiosamente empezaron con el declive del Cádiz C.F y su caida al pozo de la Segunda B.  No estaría de mal, ahora que el club cadista vuelve a su situación de equilibrio en lo económico y en lo deportivo, preste esa balanza a las autoridades municipales y estatales. Ayuntamiento y Costas deben trabajar unidos. El Carranza no tiene nada que ver con quemar carbón en la playa. José Antonio Hidalgo, al igual que hiciera Fernando Santiago con «La Barbekiu» (artículo que también en nuestras páginas, ver aquí) escribe sobre el tema en el Diario de Cádiz.. .-.-.-.-.-.-  .-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-    No a las barbacoas   barbacoa_carranza.jpgEscribo esta crónica horas antes de que la masa comience a llenar las playas de Cádiz cargadas de bebidas, pinchos de carnes, sombrillas, mesas, toallas, y todos los condimentos necesarios para montar una barbacoa. Faltan pocas horas para que el Paseo Marítimo, y cada vez más Cortadura y La Caleta, se llenen de efluvios producto de una fiesta que más que elevar la categoría turística de la ciudad la degrada y saca a la luz la más pura esencia del cutrerío ciudadano. Hoy domingo, la playa habrá amanecido llena de basura y así permanecerá durante días, con restos de carbón y otras inmundicias. La gente dirá con orgullo que «yo estuve allí» y desde el Ayuntamiento se habrá informado de un nuevo récord de asistencia. La ‘noche de las barbacoas’ se ha convertido de esta forma en un referente de lo que no debe ser la apuesta turística de la ciudad. El indudable esfuerzo que en esta última década ha realizado el Ayuntamiento del PP, sobre las bases de la reforma del Paseo y la regeneración de la arena en los noventa ejecutada por el PSOE, no debe tirarse por la borda con eventos de dudoso interés general. En estos años, sin embargo, han sido las administraciones, todas, las que han promovido esta ‘noche’. Primero, el mismo Ayuntamiento, que hace apenas seis años intentaba entrar en el Libro Guinness por el número de barbacoas en funcionamiento en una playa. Entonces nadie se tiraba de los pelos y todo eran palabras de elogios y fotos publicitarias. Después, la misma administración estatal, Subdelegación y Demarcación de Costas, que mientras una callaba, la otra ponía a disposición ciudadana efectivos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil para control de una muchedumbre que, paradójicamente, estaba incumpliendo una normativa que impedía e impide la acampada y la realización de barbacoas en el litoral. Así que más vale que nadie haga una mueca de desagrado e intente limitar las responsabilidades a los propios ciudadanos. Con todo ello, y visto cómo se está desarrollando el verano en la ciudad, las barbacoas acaban siendo el único problema medio ambiental que se da en el entorno. Hace unos días varios miles de personas se concentraron en la playa al reclamo del concierto de Ana Torroja. En este tiempo también se han celebrado torneos deportivos de distinta índole y la gente ha llenado los chiringuitos o las zonas de ocio organizadas por las distintas concejalías municipales. Y no ha pasado nada. La arena ha seguido como tal, la fauna autóctona no está en peligro de extinción y no se ha producido contaminación marina, como alertaba a principios de la temporada Costas. Frente a ello, las imágenes de las playas de Barbate destrozadas por las acampadas han ido acompañadas por una reclamación desde Costas: que sean los ayuntamientos los que se pongan al frente de todas las administraciones para adoptar soluciones radicales antes de que se incrementen los daños al medio ambiente. O lo que es lo mismo: que el Ministerio de Medio Ambiente no es capaz de hacer cumplir las leyes que le competen por lo que lo mejor es que los municipios carguen con el muerto correspondiente. Y después vendrán los ayuntamientos, con toda lógica, afirmando que unos y otros les llenan de competencias pero no de dinero para ejecutarlas. Frente a las playas urbanísticamente destrozadas en el Levante y en la Costa del Sol, en Cádiz buena parte de su litoral aún aguanta y aporta una imagen que es necesario preservar. Si Costas no se ve en condiciones de realizar su trabajo, más vale que sean ellos los que se presenten en Madrid ante Cristina Narbona para reclamar medios. Los ayuntamientos, por su parte, antes de promover barbacoas o utilizar la arena como mantel para celebraciones gastronómicas, bien pueden sacar adelante programas de desarrollo ‘sostenido’. Cádiz tiene buenos ejemplos de ello que, después, se han copiado en otras playas no sólo de la provincia, sino de otros puntos del país. Hoy, si puede, no vaya a la playa Victoria. Por su bien. Y a Fernando Santiago habría que animarle para que cree una Plataforma Ciudadana, como la que acabó con la City del siglo XXI en el Astillero, para evitar el próximo verano el sonrojo de las barbacoas del Trofeo.

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