Barral y Alvarito llevan el Cádiz al 10

Más de 13.000 espectadores. La afición disfrutó.

Este “nuevo” Cádiz de Cervera se ha acostumbrado a la practicidad, al menos así ha demostrado con la puesta en escena que le ha valido para conseguir derrotar al Nástic de Tarragana por dos goles a cero, ambos logrados en el segundo periodo. Y es que este ha sido un partido marcado netamente y ya desde el pitido inicial por el fuerte sistema defensivo montado por Lluis Carreras. Difícilmente va a aparecer por Carranza con una apuesta con cuatro centrales en un mismo once (Perone, Carlos Bueno, Suzuki y Xavi Molina) además de dos laterales con vocación netamente defensiva (Kakavadze y Jiménez). En total seis hombres, con casi siempre una línea de cinco atrás con el capitán Xabi Molina por delante a pocos metros.

Con esta tesitura el guión estaba señalado a que el Cádiz consiguiera anotar en alguna fase del partido. Los catalanes no concedían espacios, aunque pese a ello, pudo el Cádiz ponerse por delante especialmente en varios saques de esquina que se pasearon por delante de un Dimitriewski que, sin intervenir, no daba sensación de seguridad en ningún momento. Fueron 45 minutos iniciales muy físicos, sobre todo el que aportaban hombres como Silvestre y Mikel Mesa, pasando incluso por una fase donde parecía que el Nástic se atrevía a tocar y asustar a Cifuentes, especialmente en una peligrosa internada del canario Mesa.

Tras el descanso, sin cambios en ninguno de los bloques, Cervera apostó definitivamente por acostar a Alvarito en la izquierda y a Salvi en la derecha. Fue precisamente el sanluqueño, quizás el más regular e incisivo del ataque el que provocó con una internada al centro una peligrosa falta cercana al área. Precisamente se lamentaba el mister gaditano de que el equipo había perdido con respecto al curso pasado de ejecución a balón parado. Quizás por esa razón pocos esperaban que Aitor García fuera capaz de sacarse un disparo con la suficiente fuerza para que el portero macedonio sólo lo pudiera rechazar tras su estirada. No perdonó el rechace Barral que con olfato de goleador de toda la vida, fue el más listo de todos los que estaban atentos al posible rechace.

Tras el 1-0, y con más de media hora por delante, Carreras pensó que era el momento de mover el banquillo, que no de mover su planteamiento de cinco atrás. Para ello quitó al chileno Delgado y colocó arriba a Manu Barreiro. No cambio nada más, algo que sólo hizo ya tras el 2-0, que llegó en el minuto 75 tras una acción marca de la casa de Alvarito García, que dejó en evidencia en apenas unos segundos tanto a Silvestre como al japonés Suzuki.

De aquí al final los amarillos ya no quisieron hacer más sangre y todo su empeño consistió en jugar lo más alejado de Cifuentes. Para entonces ya Carreras había modificado su planteamiento inicial para terminar jugando con una línea de cuatro atrás, tras retirar a Kakavadze y poner en su lugar a  Omar Perdomo.

 

 

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