El Athletic “B” supo sobreponerse a la ausencia de Iñaki Williams

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El Athletic “B” ha sido un equipo que ha demostrado, durante toda la temporada, tener un gran acierto de cara a la portería contraria. Los cachorros fueron el conjunto más goleador del Grupo II de Segunda B y, además, han conseguido acertar con el marco rival en sus cuatro partidos del play-off de ascenso. Y eso que, en el tramo decisivo de la temporada, tuvo que renunciar a jugar con su máximo goleador. Un puesto que ostentaba el joven Iñaki Williams, que recibió el llamado definitivo del primer equipo tras la disputa de la vigésima jornada de competición.

El artillero había cuajado una grandísima primera mitad de competición con los cachorros, con los que cumplía su segunda temporada. Un jugador que Ziganda tuvo a sus órdenes durante el curso 2013-2014, haciéndolo jugar en 14 partidos: acabó anotando ocho goles. Muy buenas cifras, que refrendó en su segunda campaña en Segunda B.

Así, en el momento de su marcha definitiva al primer equipo, Iñaki Williams acumulaba 13 goles en 18 partidos con el filial. O lo que es lo mismo, promediaba 0,72 goles por partido. Su equipo acumulaba 30 goles en el Grupo II, por lo que el delantero había anotado el 43,33% de los goles del Athletic “B”. El delantero tenía incidencia decisiva en el accionar ofensivo de los cachorros, que al final el equipo no acabó acusando.

No lo hizo, pues el rol goleador pasaron a asumirlo dos futbolistas: Sabin y Gorka Santamaría. Entre los dos, terminaron la temporada sumando 32 goles y rebasando los 13 tantos que había conseguido Iñaki Williams antes de su subida definitiva al primer equipo. El primero anotó 17 tantos, mientras que el segundo firmó 15 goles. Goles importantes, que ayudaron a los cachorros de pasar a la sexta plaza que ocupaban tras la vigésima jornada hasta la segunda, en el cierre de la fase regular.

Sin Iñaki Williams, el Athletic “B” consiguió marcar 35 goles en apenas 18 partidos, un promedio de 1,94 goles por partido. Guarismos, superiores a los que tenían cuando se encontraba disponible el delantero (de 1,5 goles por partido). Datos que hablan, a las claras, del potencial ofensivo del próximo rival del Submarino Amarillo, que consiguió sobrevivir a la ausencia de su principal goleador, reinventándose para acabar alcanzando la última eliminatoria de la promoción de ascenso a Segunda.

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