Punto agridulce


malagab_cadiz_05.jpg
Fleurquin saltó más que nadie. Era el 0-1.

El Cádiz CF dio un pasito más hacia la primera división en la tarde del pasado sábado en tierras malagueñas. Cierto es que pudieron ser tres, pero también que nos pudimos ir de vacío. También es cierto que después de los resultados del resto de la jornada, y lo favorable que se puso el partido en su inicio, el puntito es más amargo si cabe. Habrá otros que, por su contra, pensarán que tal y como se puso el encuentro tras la expulsión de Enrique, quizás las tablas fueran el mal menor y que habría que darse con un canto en los dientes. Lo cierto es que el partido comenzó estupendamente para el cuadro visitante: no se había cumplido el minuto 6 de partido y Enrique, tras un espectacular centro desde su banda derecha, pone el balón en la cabeza del uruguayo Fleurquin, que se encarga de cambiarla de palo, para por alto batir a Goitia. 0-1 y delirio para la Marea Amarilla que abarrotaba el gol sur del remozado coliseo malaguista. En esos momentos el Cádiz comenzó a mandar, a mostrar los galones del porqué de su clasificación y llevó el partido a donde más le convenía.

malagab_cadiz_07.jpg
Fleurquin, el mejor para Robertito.

  Resguardado atrás, presionado en el centro del campo, con un Enrique muy incisivo, parecía que era cuestión de tiempo el que llegará el 0-2. Por el contrario, el Málaga B solo contó con una jugada peligrosa en esta fase del encuentro, pero De Quintana, muy atento, la abortó cuando la oportunista, provocadora y mal educada grada malacitana cantaba ya el gol del empate. Dicha acción fue solo un espejismo, ya que el conjunto amarillo, gracias a un Fleurquin espectacular, un Suárez trabajador, un Enrique en su línea de los últimos partidos y un Oli bastante activo, traían en jaque al cuadro de Bakero. De hecho, Oli tuvo en sus botas y su cabeza tres opciones de gol, que hubieran puesto la sentencia final al partido. Pero claro, cuando no rematas al contrario, y le dejas con vida, este puede resucitar en cualquier momento, cosa que efectivamente ocurrió tras la reanudación.

malagab_cadiz_03.jpg
Preludio del empate. De la Cuesta derriba a Geijo.

El segundo tiempo empezó con las mismas sensaciones con las que se llegó a la reanudación. Es decir, control total y dominio de la situación. Parecía que íbamos a vivir un encuentro cómodo y tranquilo. Sin embargo, todo cambió en cuestión de segundos. Un balón dividido lo caza Geijo tras rechazar en Velázquez y De la Cuesta, totalmente desorientado y excesivamente nervioso durante todo el partido, comete falta sobre el delantero de origen suizo al borde del área. A continuación, Abel, de extraordinario lanzamiento, convierte el empate. 1-1 y de nuevo a empezar. Pocos instantes después, Enrique ve su segunda cartulina amarilla y a la caseta; resultado: de tener el partido ganado sin mayor complicación alguna, a tener que dar gracias a Dios por el empate conseguido. Cosas del fútbol. Esta vez las circunstancias no ayudaron.

malagab_cadiz_02.jpg
Enrique clamaba en balde. Expulsado en el 57.

De ahí al final del partido, monologo blanquiazul, y defensa numantina gaditana, que al fin a la postre le sirvió para alcanzar el mal menor. Un punto más y una jornada menos. Por lo menos no se perdió y se pudieron sacar conclusiones realmente positivas, entre ellas, que De la Cuesta no está en su mejor momento, que Fleurquin es el mejor pelotero que ha pasado por Cádiz en muchísimos años (a la vista su extenso currículo), que el más tonto te hace un reloj de madera y funciona; y que sobre todo, que todavía queda mucho y que no hay que cantar victoria, o sino que se le pregunten a nuestros vecinos de Jerez, a nuestros amigos los charros o a los asturianos de Gijón. Mención aparte merece la afición cadista, que en todo momento animó a su equipo y que nunca respondió a la provocación de los aficionados malagueños, que demostraron el porque son consideradas de las aficiones más antipáticas de España. Que se vayan a Huelva, Córdoba o Salamanca y tomen nota. Eso si que es afición. por Roberto Rivero, cadista [email protected] enviado especial a La Rosaleda

Autor:Roberto Rivero

También te podría gustar...