Sigue sin saber bajar al barro


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 Como en Ecija, el equipo no supo «bajar al barro». El once de Jose no  sabe competir en situaciones donde la intensidad y la garra se antojan como claves. ¿Responsables?

Partido fuera de casa. Ante un equipo de la parte media-baja de la tabla. Un terreno de juego en pésimas condiciones. Circunstancias que esta temporada se han dado hasta en cuatro ocasiones. Y en todas ellas, el resultado ha sido el mismo: el Cádiz ha sido incapaz de adaptarse. Ni yéndose a entrenar al campo de césped sintético de Jédula. Ni probando suerte en el José del Cuvillo del Racing Portuense. Lo cierto es que el Cádiz ha debido de afrontar estas condiciones ante cuatro rivales distintos y, en todas ellas, ha sido capaz de adaptarse. Incapaz de ganar. No fue capaz de ganar al Sporting Villanueva Promesas, en un terreno de juego pésimo. No fue capaz de ganar al Cacereño, al que el empate a 0-0 le supo a poco. No fue capaz de ganar al Badajoz en el desigual césped del Nuevo Vivero. No ha sido capaz, ni siquiera de empatar, ante La Unión.Y no valen excusas. El Cádiz ha sido incapaz de adaptarse a unas condiciones adversas pero a las que podría enfrentarse nuevamente en el play-off de ascenso si le tocara en suerte el Atlético Baleares. Cada vez que el equipo ha tenido que jugar en un césped poco apto, el resultado ha sido el mismo. Un partido frustrante, falto de oportunidades del equipo y falto de intensidad por parte de los pupilos de Jose González.Un Jose González que parece incapaz de transmitirles a sus jugadores ese plus para poder afrontar con garantías este tipo de encuentros. Unos encuentros en situaciones adversas, pero que deben de salvarse. A fin de cuentas, tanto el Sporting Villanueva Promesas, como el Cacereño, como el Badajoz o La Unión son equipos de Segunda B. Categoría en la que no abundan los terrenos de juego cuidados, donde no abundan las alfombras de césped. Si el terreno de juego impide desarrollar el juego de velocidad y ataque por las bandas que parece imponer este año Jose González, no queda otra que readaptarse. De cambiar el esquema. A falta de juego, buena es la intensidad. Intensidad que sí mostró el Sporting Villanueva de Ferri. Intensidad que mostró el Cacereño de Braojos, que durante hora y media asedió al Cádiz. Intensidad que, por momentos, pudo mostrar el Badajoz de Arteaga, quizás el más flojo de los cuatro rivales con un campo inapropiado para el juego. Intensidad que mostró La Unión para sacar adelante el partido de esta jornada. Intensidad, que no ha mostrado en ningún encuentro el Cádiz. No cabe duda de que el Cádiz sea el mejor equipo del Grupo IV. Cuenta con una plantilla hecha para el éxito, con un entrenador que ya sabe lo que es ascender a Segunda División, con un capital humano (su afición) detrás impagable. No cabe duda de que es un equipo que, cuando lo tiene todo de cara, arrasa. Pueden dar buena cuenta de ello el Almería B o el propio Lucena. El problema, es cuando no tiene el partido de cara. Es el mejor equipo del Grupo IV, pero un equipo frágil ante la adversidad. Se quedó sin respuestas ante el Lucena en la primera vuelta, se quedó sin respuesta ante el Cacereño. Se ha quedado sin respuesta ante La Unión. Un equipo que, tras el empate de Óscar Pérez, no se descompuso y creyó. No a base de juego, pero sí, a base de intensidad. La mayor conclusión de este encuentro es que el Cádiz sigue sin saber bajar al barro, cuando ello es menester. Queda mucho por trabajar. Y muy poco tiempo.

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