Las sombras chinescas


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Por ciertas experiencias una vez llegué a una conclusión, detrás de una pregunta tonta igual no hay un tonto, puede ser un listo, el tonto puedes ser tu dependiendo de que respondas, o si tu respuesta te compromete. De la misma forma detrás de una situación absurda puede que no haya un descerebrado, puede que haya otro listo cuya estrategia la desestimas porque le crees cargado de despropósitos y dando los últimos coletazos. En el Cádiz, desde hace unos años todo ha sido difícil de entender, o fácil, depende por donde se mire, pero en los últimos meses cualquiera calificaría todo lo que se refiere a la organización de ese club como de esperpento. Si echamos la vista atrás recordamos que nadie comprendió para que había contratado Muñoz a Moyano. Era evidente que Muñoz no estaba pagando un sueldo de ejecutivo para nada, y a final de temporada salieron a relucir las cualidades del entonces vicepresidente ejecutivo, esas que Muñoz recientemente ha valorado tanto, despidos a tutiplén y rebajas de fichas y sueldos a destajo. Introdujo al Cádiz en el concurso de acreedores. spup.jpegCon Muñoz, escondido, y todo su consejo dimitido y con Moyano como hombre de hielo, se precisaba un consejo con un presidente que diera forma a un teatro, aparentemente distinto pero con la misma obra. Fue cuando Muñoz se lanzó a la búsqueda de candidatos. Hubo uno, con buen cartel, que pese a los inconvenientes si estaba dispuesto, con dos condiciones: primero no ser un florero y segundo ser presidente único, sin mayores cabezas dirigiendo. Para ello su planteamiento era intentar hacer el mejor trabajo posible, con una planificación más que digna según el presupuesto. A menor dinero, mayor trabajo e imaginación, pero ahí estaba el reto y el amor por el club. Exigía tener salvaguardada su capacidad de decisión (teniendo en cuenta las limitaciones que impusieran los administradores), y por supuesto, prescindir de Pozas y Moyano. La respuesta de Muñoz fue negativa, motivo que propició la no aceptación de esta persona. Ahí el Cádiz perdió, y mucho, pocos se imaginarán cuanto, sobretodo porque pocos hay que consigan que dos y dos sean siete. Ahora se le acusa de no haber aceptado porque con el cargo no iba sueldo, pero ya sabemos que ocurre cuando te arrimas al Cádiz y no tragas, que le pregunten a Ogunsoto que se le acusó de hombre de poca palabra y de no saber leer.Al final, tanto lío para terminar acudiendo a casi el mismo Consejo de siempre, con alguna cara nueva deseosa por darse a conocer para sus cositas y un presidente, Huguet, que se empeña en afirmar que demostrará que no es una marioneta. Lo curioso del asunto es que de repente se dice que a Moyano se le rescinde el contrato y que ha sido exigencia de Huguet. Moyano convoca una rueda de prensa, anunciando que se va, pero al final resulta que no se va todavía, que está pendiente de pillar algo por ahí en una compañía y que no quiere ser candidato desde el paro, esto lo dice bajito, porque es una estrategia y no se vayan a enterar sus futuros jefes. Se dice que su relación con el Cádiz se prolongará hasta final de año, pero sin poderes, ni capacidad de ejecución alguna. Y, claro, yo me pregunto, ¿Se habrá comprometido Moyano a perdonar parte de su finiquito por obtener esta prebenda? Porque es difícil imaginarse a Muñoz pagando unos miles de euros al mes a una persona que solo está esperando el mejor momento para marcharse. Nuevamente me cuesta admitir, como el día que fue contratado, que está ahí para nada. Porque piensen ustedes, ¿No resulta extraño que Muñoz conceda a su tercera, cuarta o quinta opción para presidente, lo que le negó a una de las primeras? Eso sería como aceptar pagarle al quinto jugador de una lista de aspirantes, lo que negamos pagarle al primero que quisimos fichar.La verdad es que saldremos de dudas dentro poco, pero de momento a mi me parece que este teatro del Cádiz se ha convertido en uno de sombras chinescas, en la que los principales actores se está yendo detrás del telón. Por cierto dicen las malas lenguas que ir a las oficinas del Cádiz a ciertas horas plantea un dilema de a que despacho dirigirte, si te confundes puede ser un problema. A todo esto, dando la cara han dejado unos muñecos y un maestro de ceremonias. Por cierto, de ceremonias mal paridas por la poca entidad del líder espiritual, o es que alguien puede concebir que para premiar a los aficionados más antiguos, estos acudan a una especie de casting de donde saldrán los que tengan la acreditación más pretérita. Estas cosas se hacen para contratar extras para un rodaje y no para realizar un acto de sincero agradecimiento.

Autor:José Ramón López

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