Hecatombe


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 Si el Cádiz marcaba un gol obligaba al Mirandés a marcar cuatro…Increiblemente así sucedió. Foto: LOF – Diario de Cádiz

Con dos goles de renta llegaba el Cádiz al Municipal de Anduva, para jugar el partido de vuelta de la primera eliminatoria del play-off. A pesar del resultado tan favorable, los cadistas no podían confiarse: el Mirandés no estaba muerto y tanto sus futbolistas como su hinchada soñaban con la remontada. Y el sueño se convirtió en realidad.Para este encuentro, la mayor duda que tenía Jose González era si Enrique iba a jugar o no. El extremeño, lesionado, viajó a Miranda de Ebro, aunque finalmente no estuvo disponible para jugar. De este modo, sobre el mojado Municipal de Anduva jugaron Álvaro Campos, Cifuentes, Álvaro Silva, Pedro Baquero, Raúl López, José Miguel Caballero, Moke, Juanse Pegalajar, López Silva, Carlos Caballero y Antonio Moreno. Con el pitido inicial del cántabro Ruiz Bada pudo verse que el Mirandés era el cuadro más necesitado. Un gol en los primeros minutos daría alas a los locales en busca de la remontada. Por ello, plantearon los hombres de Pouso un juego más directo, tratando de presionar al Cádiz, encerrándolo en su mitad del campo. El primer disparo del Mirandés llegó a los tres minutos de juego, cuando Iribas, tras ser asistido por Iván Agustín, probó fortuna desde el pico del área, pero su lanzamiento se marchó por encima del larguero. Un minuto antes el Cádiz había disfrutado de su primera posesión larga del balón, terminando la jugada en saque de esquina. Los amarillos, al menos en los primeros compases, intentaban jugar tocando, volcando el juego por el costado zurdo. Planteamiento erróneo, pues el terreno de juego, tras la copiosa lluvia que cayó antes del encuentro, no estaba para rasear el esférico. Además, lo que peor estaba para jugar raseando eran las bandas: había tramos en los que el balón ni tan siquiera rodaba. El Mirandés, empujado por su afición, achuchaba, y el Cádiz aguantaba el tipo como buenamente podía. Cuando no era fruto del juego directo del Mirandés, los amarillos sufrían en defensa por jugadas tontas, como una peligrosa cesión de Cifuentes a Campos, a la que estuvo cerca de llegar Alain. La primera amarilla del partido fue para Carlos Caballero, que a los doce minutos se demoró en sacar una falta. Los amarillos llegaban con cuentagotas, pues su apuesta de juego no era la más adecuada. López Silva disparó por encima del larguero en una de las pocas oportunidades del equipo, tras ser asistido por Carlos Caballero. Dos erroresEn el minuto diecisiete el colegiado empezó a tomar protagonismo. Todo comenzó cuando Muneta, en el centro del campo, le dio un gran pase a la banda a Pablo Infante, que ayudado por el encharcado césped, pudo deshacerse de Cifuentes y pisar área. Cuando iba a ensayar el disparo, el jugador rojillo fue derribado por Cifuentes dentro del área. Penalti claro, que Ruiz Bada no entendió como tal: amonestó a Infante por entender que había simulado. Poco después, el colegiado continuó con su recital de errores. Fue la jugada más clara del Cádiz en el primer tiempo, que podría haber cambiado el encuentro. A los veintitrés minutos, López Silva centró desde la banda izquierda, rematando Juanse Pegalajar de cabeza. Un cabezazo inapelable, en un salto limpio, que acabó introduciéndose en la portería de Wilfred. Sin embargo, cuando el linier daba el gol por válido, Ruiz Bada lo anuló: entendió que Juanse, en el salto, empujó a su marcador. El Cádiz acusó más el error arbitral que el Mirandés. Trataban de jugar mediante desplazamientos largos de balón, desde el centro del campo a las bandas, buscando la espalda de la defensa amarilla. Cifuentes cortó providencialmente un envío de Iván Agustín buscando a Pablo Infante. Poco después, fue Baquero quien salvó al Cádiz: Alain, dentro del área, trató de fusilar, pero el onubense se tiró a ras de césped para enviar a corner. El saque de esquina fue botado por Muneta, muy cerrado. Tanto, que casi se convirtió en gol olímpico. Pudo despejar a tiempo, con los puños, Álvaro Campos. Gol psicológicoCuando, a pesar del sufrimiento y de la pobre imagen del Cádiz, se pensaba que con 0-0 se llegaría al descanso, llegó el mazazo. En el último minuto antes del descuento, marcó el Mirandés. Alain, tras recoger el balón en el área y revolverse, batió a Campos. 1-0. Un gol en un momento psicológico y que hacía que se presagiara lo peor. Tras la reanudación, parecía que el Cádiz había salido con algo de más intención, pero realmente el Mirandés seguía dominando, con su monólogo. Los locales continuaban con sus líneas muy adelantadas y planteando un fútbol muy directo. Los amarillos eran un manojo de nervios. En el minuto cincuenta, José Miguel Caballero quiso retrasar, desde el medio, a Cifuentes. El balón, fácil, se convirtió en un dardo envenenado, pues a punto estuvo de llegar Pablo Infante. La jugada acabó en corner.Pedro Baquero acabó recibiendo una dura patada en la cara de Alain, que intentó rematar dentro del área de forma acrobática, aunque acabó dándole al central onubense. La acción, merecedora de falta, no lo fue de amarilla. Poco después, Baquero tuvo que ser atendido, pues estaba mareado por la acción con Alain. Continúa el asedioA la hora de juego se produjo el primer cambio en las filas del Cádiz. Aarón Bueno entró en sustitución de Juanse Pegalajar. El jiennense se tomó su tiempo, siendo increpado por ello por Raúl García. El cambio no modificó nada: el Mirandés seguía en su línea, encerrando al Cádiz y entrando por las bandas. Poco después del cambio López Silva fue amonestado por tirar por la espalda a Raúl García. Pouso también movió ficha: quitó a Iribas (muy individualista) y entró Mújika. Tras este cambio, Alain tuvo un mano a mano con Álvaro Campos, que el valenciano resolvió francamente bien, enviando a corner. El Cádiz contestó con un tímido disparo de Moreno desde fuera del área, que no supuso ningún problema para Wilfred. En la siguiente jugada, prácticamente se cayó Anduva: el Mirandés logró el segundo. Su autor volvió a ser Alain, que tras recibir de Iván Agustín, batió de forma acrobática a Campos. Un golazo, que igualaba la eliminatoria. Nada más recibir el gol, Jose González quitó a Moreno e introdujo a Pachón. El Mirandés, que estaba a un gol de la clasificación directa, apretó más. El Mirandés atacaba incansablemente y el Cádiz, para intentar estabilizarse en el mediocampo, dio entrada a Jurado por un gris José Miguel Caballero. Tampoco ayudó el cambio. En el setenta y nueve, Alain perdonó, completamente solo con el portero, el 3-0. EspejismoY el Cádiz, cuando peor estaban las cosas, cuando parecía que no iba a ser posible, marcó. Raúl López recogió en la banda izquierda un balón que había peleado cerca del corner López Silva, para centrar al área. Allí, Pachón se alzó y remató de cabeza. Gol. 2-1. El Cádiz, gracias a ello, estaba virtualmente clasificado. Quedaba poco tiempo y el Mirandés debía hacer dos tantos. Pero en el fútbol nada es imposible y apenas cuatro minutos después, el Mirandés volvía a marcar. Fue en una desafortunada jugada, en la que Baquero introdujo el balón en su propia portería. Pouso movió ficha, entrando Lambarri y Candelas por Ñiguez y Corral. Un planteamiento muy ofensivo, buscando el cuarto gol. Cuatro minutos descontó el colegiado. El Cádiz se parapetó atrás, soportando las acometidas rivales. Pero fue imposible. En el último suspiro, en un error defensivo, Mújika cogió el balón dentro del área y fusiló. 4-1. No hubo tiempo para más, y con total merecimiento, el Mirandés consiguió el pase.

Autor:Diego Manuel Belmonte

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